Una Ojeada sobre la Historia del Arte en B. H. (pag. 5 de 6)
Los años 60 fueron el momento más significativo de surgimiento de una actitud colectiva de neovanguardia en la ciudad, marcada por la participación de intelectuales, críticos y artistas que realizaron una serie de acciones con vistas al cuestionamiento de la situación política y comportamental y proponiendo la construcción utópica de una sociedad nueva. Las acciones se iniciaron con la realización de la Semana Nacional de Poesía de Vanguardia, organizada por Affonso Ávila en 1963, cuando poetas e intelectuales discutieron el papel revolucionario del artista y del crítico militante. A partir de ahí, la ciudad se tornó el palco das intervenciones de los estudiantes, artistas e intelectuales que cuestionaban el modelo político brasileño y el proprio circuito artístico. Acompañando la construcción del campus universitario en Pampulha, se realizaron varios festivales y salones de arte, que transformaron la universidad en un local de resistencia al régimen militar. Se formó una nueva vanguardia artística, impulsionada por la critica militante de Frederico Morais y Márcio Sampaio, que colocaba a prueba la tradición de la Escuela Guignard y proponía una arte experimental, vuelto para las cuestiones políticas, sociales, comportamentales y ambientales, vivenciadas por el Hombre en las grandes ciudades.
Los eventos de las neovanguardias traspasaron los espacios públicos y privados de la ciudad a lo largo de los años 60, y terminaron en 1970 con la manifestación Do Corpo à Terra (Del Cuerpo a la Tierra) con el liderazgo del crítico Frederico Morais, el cual redigió un manifiesto radical donde denunciaba la represión militar y reivindicaba la libertad de expresión en el país. En esta manifestación, típica de las neovanguardias, los artistas realizaron varias propuestas de desmaterialización artísticas - happenings, propuestas conceptuales, ecológicas y políticas - que ocurrieron en el Parque Municipal, en la Serra do Curral (Sierra do Corral), en las calles y arroyos de la ciudad, transformándola en un palco de protesta contra la dictadura militar. Aquél evento se registró como la última manifestación colectiva de la neovanguardia en Belo Horizonte. Fue, aún, una de las manifestaciones artísticas mas radicales de protesta contra el régimen de terror implantado en el Brasil, presentado a través de las intervenciones metafóricas de Barrio y Cildo Meirelles.
Participaron de la neovanguardia belorizontina los artistas: Jarbas Juarez y Nello Nuno, que fueron los primeros que cuestionaron la tradición de la Escola Guignard; Lotus Lobo y Annamélia, creadoras de nuevas experimentaciones gráficas; Teresinha Soares, realizadora de happenings y performances; Décio Noviello, constructor de amplias pintura-objetos; Dileny Campos, propositor de subpaisagenes ambientales; José Ronaldo Lima, inventor de meta-dibujos y de cajas olfativas; José Alberto Nemer y Madu, que construyeron objetos para denunciar la soledad humana; Luciano Gusmão, artista conceptual que trabajó en el limite entre el arte y la física; y Márcio Sampaio, artista, poeta y crítico, que realizó una reelectura del tropicalismo, incrementando los jóvenes artistas de vanguardia de la ciudad (15).
A partir de los años 70, con o recrudecimiento de la represión militar, las manifestaciones colectivas de vanguardia perdieron su impacto y fueron substituidas por una producción alternativa e individual, que utilizó la metáfora y la parodia para cuestionar, con mucha sutileza, la cultura oficial. En Belo Horizonte los últimos gritos individuales de las neovanguardias emergieron de los dibujos de Marcos Benjamim, Arlindo Daibert, Mário Zavagli, Lincoln Volpini, Manfredo Souzanetto y Manoel Serpa; de las litografías de Liliane Dardot e Ivone Couto; de las pinturas de Mariza Trancoso y Júlio Espíndola; y marcaron los audiovisuales de Beatriz Dantas, Maurício Andrés y George Helt. En aquél momento, los polémicos salones de la UFMG se transformaron en los salones globales, realizados en el Palacio de las Artes patrocinados por el Estado con el capital de la TV Globo (16).
Aquellos años de tantas cuestiones acompañaron la destrucción ecológica de la ciudad, que le llevó al poeta Carlos Drummond de Andrade a cantar el Triste Horizonte, poema en el que lamenta la descaracterización de los monumentos artísticos por la especulación inmobiliaria, e la destrucción de la Serra do Curral (Sierra del Corral) impulsionada por la explotación del minero de hierro (17).
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